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Especial sobre los tres espacios ecológicos de educación ambiental de la Secretaría de Ambiente
Aulas Ambientales: lugares para la educación y el aprendizaje sin pupitres ni tableros

Al aire libre, ya sea con el pleno sol de medio día o el rocío de la mañana, las Aulas Ambientales del Distrito de Santa María del Lago, Entrenubes y Mirador de los Nevados, reciben a niños, universitarios, familias y ancianos con el propósito de inculcar el cuidado del ambiente de una forma dinámica, divertida y educativa. Ya sea con recorridos ecológicos por los senderos de Mirador de los Nevados, o talleres de reconocimiento de especies en el humedal de Santa María del Lago, esta estrategia pedagógica de la Secretaría de Ambiente busca que todos los bogotanos se involucren y visiten estos espacios.
De lunes a sábado, cuando el reloj marca las 6 a.m., las Aulas Ambientales del Distrito abren sus puertas a los bogotanos. Dependiendo de su interés y forma de vida, cada visitante le encuentra un atractivo diferente a estos espacios. Los abuelos dan largas caminatas, los deportistas queman calorías, los enamorados recitan poemas, los lectores devoran manuscritos, y los niños aprenden y juegan, dejando atrás las cuatro paredes, los pupitres y los tableros de los salones de clase.
Aunque las tres Aulas comparten el propósito de la educación ambiental, sus visitantes marcan la diferencia. Mientras las madrugadoras abuelas de Santa María del Lago, en Engativá, se dan cita para caminar, admirar el paisaje y “chismosear” con las comadres, los asiduos deportistas encuentran en el Mirador de los Nevados de Suba, un espacio ideal para tonificar sus músculos trotando por senderos y recovecos. Los amantes de la altura, el vértigo y las panorámicas caen rendidos a los pies de Entrenubes, ubicada entre las localidades de Rafael Uribe Uribe, San Cristóbal y Usme.
A pesar de esto, los tres espacios son visitados constantemente por los niños de colegio, quienes uniformados y en compañía de sus profesores realizan actividades pedagógicas y disfrutan de recorridos ambientales, talleres y conservatorios. Todo en torno a temas como el reciclaje, cambio climático y cuidado de la flora y fauna.
Además, estos escenarios son propicios para las horas de ocio después de las extenuantes clases. En el tiempo extraescolar, los niños ponen en práctica lo aprendido en las clases, pero al aire libre. Allí interactúan con la naturaleza de una manera respetuosa y divertida.
Asimismo, las Vacaciones Ecodivertidas desarrollan talleres de manualidades, cine, recorridos e investigaciones en junio y diciembre. Estos espacios también son propicios para que estudiantes de pregrado y posgrado realicen trabajo de campo.
Todas estas actividades hacen parte de la estrategia pedagógica de Aulas Ambientales de la Secretaría Distrital de Ambiente. “Cada Aula tiene un pasado, un presente y un futuro distinto. La diferencia se ve reflejada en sus visitantes, sus habitantes y sus problemáticas. En todas realizamos actividades como tiempo extraescolar y Vacaciones Ecodivertidas, pero con diferente contexto”, asegura Pilar Caicedo, coordinadora pedagógica de las Aulas Ambientales.
Mientras en el humedal de Santa María del Lago, hogar de las Tinguas, se realizan actividades de reconocimiento de especies, en el Mirador de los Nevados, que fue una cantera en los años 50 y rellenada con los desechos de construcciones, se pueden admirar las estrellas y las constelaciones. En Entrenubes, los recorridos por sus más de 600 hectáreas son su mayor atractivo.
Santa María del Lago: hogar de las Tinguas y de los abuelos

El cantar de las Tinguas bogotanas, a las 6 de la mañana, indica la llegada de abuelos y algunos deportistas al Aula Ambiental de Santa María del Lago, ubicada entre la Calle 80 y la Avenida Boyacá, y que tiene una extensión de 10.5 hectáreas. Vestidos con sudaderas, gorras, tenis y con botella de agua en mano, los ‘abuelitos’ dan largas caminatas alrededor del cuerpo de agua; algunos más osados trotan, y otros hacen abdominales.
Mientras recorren los senderos del humedal, los grupos de abuelos deportistas, en su mayoría mujeres, desahogan sus problemas familiares, alardean de sus hijos y nietos e intercambian recetas para el almuerzo. “Yo vengo a este parque todos los días con mi esposo. Caminamos una hora, nos tomamos un jugo de naranja y nos sentamos a contemplar los árboles, los pájaros y el agua. Nos tranquiliza”, asegura Clara Álvarez, habitante del barrio Minuto de Dios, y vecina del humedal por más de 30 años.
A las 9 de la mañana, el parque vuelve a quedar en manos de más de 45 aves migratorias que lo visitan. La tranquilidad dura poco, ya que los gritos de los niños de colegio dispersan el sonido de los alados. A las 10 de la mañana, el humedal parece un arco iris, adorando con uniformes de todos los colores. Los seis facilitadores del Aula se apoderan de cada grupo de colegiales, y los preparan para las actividades ambientales del día.
Talleres de reciclaje, recorridos alrededor del espejo de agua (6.4 hectáreas), en donde reconocen los recursos naturales, juegan a identificar especies o plantan pequeñas plántulas. “Queremos que se diviertan, pero de una manera distinta. Es decir, hacemos actividades al aire libre, sin la necesidad de jugar con un balón de fútbol. Las actividades de reciclaje son las que más entretienen a los niños”, dice Jorge Silva, facilitador de esta Aula, la cual cuenta con más de 2.600 árboles.
En la tarde, las parejas de novios, esposos y amas de casa visitan Santa María. Unos simplemente a contemplar el paisaje y otros más acaramelados a recitarse poemas. “Yo vengo todos los días después de recoger a mi hijo del colegio. Cuando me sacan la piedra en la casa me siento a mirar el lago, y en cinco minutos la rabia se va”, dice con una gran sonrisa Mariela Arciniegas, vecina del humedal.
Mirador de los Nevados: un reencuentro con la cultura Muisca

A unos cuantos metros arriba de la Plaza Central de Suba se encuentra el Parque Ecológico Distrital de Montaña Mirador de los Nevados, un espacio de más de 6 hectáreas que mezcla la cultura, el ambiente y el deporte. Además, por estar ubicado en los cerros de la localidad de Suba, es un lugar estratégico para apreciar a lo lejos los nevados del Tolima, Cisne, Santa Isabel y Ruiz. Cuenta con alturas que oscilan entre los 2.600 y 2700 metros sobre el nivel mar.
Esta Aula fue concebida como un escenario de restauración ecológica, ya que en los años 50 se realizaban excavaciones mineras. En 1955 era conocido como ‘La Cantera de Suba’, y solo hasta 1995, cuando pasó a manos del antiguo DAMA, empezó su proceso de recuperación, convirtiéndose en Escombrera. Finalmente, luego de rellenar el sitio con materiales de construcción, en 2001 se hizo entrega de un espacio recuperado con especies nativas y exóticas.
El atractivo principal del Mirador de los Nevados es la cultura Muisca, ya que todas sus construcciones evocan la época de Bachué y Bochica. Tres obeliscos que representan los equinoccios y solsticios en los movimientos del sol, varios senderos ecológicos adornados con vegetación nativa y exótica, una Plazoleta Astral para mirar las constelaciones y un mirador de la panorámica del noroccidente capitalino son algunas de las construcciones de este parque.
En la mañana, esta Aula Ambiental es visitada por niños de colegio y varios deportistas, quienes encuentran en esta montaña el escenario ideal sudar la gota gorda trotando y haciendo abdominales. “El deporte es vida, y nos mantiene lejos de vicios como la droga y el licor. Los jóvenes deberían visitar más a este espacio, así sea para leer un libro”, comenta Alexander Hernández, deportista que visita Mirador de los Nevados todos los días.
Los asistentes a este recinto, creado en honor a los Muiscas, pueden recorrer los senderos y las plazoletas en compañía de alguno de los ocho facilitadores que la SDA tiene en el Aula. “Tanto a niños como a adultos, les hablamos sobre la historia del Mirador, sobre la cultura Muisca y la localidad de Suba. Además realizamos actividades ambientales en torno al sol, la luna, el hombre y la mujer”, asegura Yamile Malaver, una de las facilitadoras.
Entrenubes: un pulmón en pleno sur de Bogotá

Es difícil imaginar que entre las localidades de Rafael Uribe Uribe, San Cristóbal y Usme esté ubicado un lugar lleno de verde, con climas similares a un páramo, senderos ecológicos, lagos artificiales y kioscos para actividades de educación ambiental. Bordeado por más de 100 barrios y con alturas entre los 2.600 y 3.100 metros altura, el Aula Ambiental de Entrenubes es un lugar propicio para ir en un domingo a convivir con el ambiente capitalino.
El recorrido por Entrenubes, que tiene una extensión de 626 hectáreas, arranca en el Cerro de Juan Rey, una recuperada cantera de explotación de areniscas. En este espacio, de 402 hectáreas, se construyó un Mirador, que permite apreciar la panorámica del sur capitalino. Igualmente, a través de sus senderos, se puede trotar y caminar tranquilamente. Juan Rey también alberga dos lagos artificiales y algunos arbustos nativos.
Al llegar a la cúspide de de Juan Rey se observan las dos caras de la moneda: zonas recuperadas de la antigua cantera con poco verde, y densas vegetaciones de árboles como Eucaliptos, pertenecientes al cerro Guacamayas, de 40 hectáreas de extensión, área en donde el aire se torna más ligero y refrescante, debido al gran número especies de plántulas nativas y exóticas.
En este punto nace la quebrada la Olla del Ramo, que a pesar de su poco tamaño y cauce impacta a sus visitantes, ya que no creen que dentro de la capital nazca un cuerpo de agua. Actualmente, en esta área, la Secretaría de Ambiente construye un vivero para la producción de plantas nativas, con destino a ser plantadas en el área del parque.
“Es increíble que en el sur de Bogotá se encuentren zonas verdes, con grandes árboles y nacimientos de quebradas. Todos los bogotanos estamos en la obligación de visitar estos espacios, y a la vez cuidarlos”, dice Anderson Uribe, un estudiante universitario que conoció a Entrenubes por medio de un profesor.
No todos pueden dar el recorrido completo por el Aula. “Tienen que estar acompañados por personal de la Secretaría de Ambiente o de la administración del parque”, advierte Amanda Garzón, facilitadora de Entrenubes. Esta aula ambiental, declarada Parque Ecológico Distrital en el 2004, ha tenido problemas con los vecinos del sector, ya que muchos no admiten que no se pueda elevar cometa o hacer paseos de olla.
Terminando Guacamayas, los caminos se tornan empinados, la respiración se corta y la el rocío de lluvia hace presencia. Significa el comienzo de la tercera parte del Aula, el cerro de la Cuchilla del Gavilán, que ocupa 183 hectáreas, y tiene alturas de hasta 3100 metros. Con un clima que parece de páramo, y con vegetación similar a los Frailejones de clima frío, el nombre de Entre Nubes toma significado.
Desde la cúspide de este cerro se puede visualizar los kioscos del Aula Ambiental, en donde los niños y jóvenes realizan actividades de educación ambiental, como talleres de reciclaje, manualidades con papel ecológico y conservatorios sobre el medio ambiente.
“Hace falta mucha divulgación sobre estos espacios. Mi esposo y yo nos enteramos por medio de una amiga que había venido a Entrenubes, y decidimos visitarlo. La verdad es mucho mejor ver este paisaje que ir a comer hamburguesa a un centro comercial”, dijo Gloria Moreno, habitante de la localidad de Engativá, quien a pesar del dolor en los pies y de la presencia de la lluvia, aseguró volver cada vez que pueda.
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